Cómo lidiar con la muerte repentina de un ser querido

Escrito por el 28/05/2020

“Pero no queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen, para que no se entristezcan como lo hacen los demás que no tienen esperanza”, 1 Tesalonicenses 4:13

Cuando Dios creó el mundo, la muerte no estaba destinada a estar presente porque el dolor no pertenecía a una creación “buena en gran manera” (Gn. 1:31). Pero cuando Adán y Eva pecaron, la muerte se estableció como norma, porque “la paga del pecado es muerte” (Ro. 6:23).

Sin embargo, al no ser parte del diseño original, el dolor que experimentamos cuando vemos la muerte de cerca llega a lo más profundo de nuestro ser. El fallecimiento de un ser querido siempre es difícil, y más aún cuando ocurre de manera repentina. Aunque sea difícil pensarlo, debemos estar preparados.

1) Acepta la realidad de la crisis mundial

Al estar en medio de una pandemia, donde las infecciones desbordan los sistemas de salud, la muerte ha tocado a muchas familias. Más lamentable es que los enfermos sufren y mueren solos en los hospitales debido al aislamiento.

Como si esto fuera poco, después de que mueren solos, no podemos darles entierros dignos. En la mente de muchos, el futuro luce incierto. Los ingresos han disminuido, y el temor a contagiarnos produce mucha ansiedad y hasta depresión. Aunque este escenario es muy lamentable, solo nos permite ver en la esfera física lo que Dios ve en la esfera espiritual. Es decir, los padecimientos físicos solo nos recuerdan la profunda y urgente necesidad humana de un Salvador que dé vida.

2) Acepta la realidad de la crisis espiritual

La triste realidad es que el pecado produce consecuencias devastadoras como las que vivimos más intensamente durante la pandemia. Por medio de esta situación, nuestro sabio Dios muestra esta realidad: mientras vivamos en este mundo, aunque caminemos con Él, hasta un virus microscópico puede amenazar la vida y paralizarlo todo, algo que era inimaginable hace apenas dos meses.

Vivimos en un mundo individualista, egoísta, y egocéntrico, pero el Señor quiere tratar cada uno de estos pecados. Aunque el mundo tendrá sus explicaciones científicas, el Señor nos ha dado el discernimiento para interpretar los eventos según Su Palabra (1 Co. 2:14).

Entonces, ¿cómo podemos lidiar con esta situación tan difícil? ¿En qué o en quién podemos confiar? Si hay algo que esta pandemia nos enseña es que solamente Dios merece nuestra confianza. Sin duda, estamos muy agradecidos con todas las personas que ayudan a mitigar esta situación, pero no podemos poner nuestra confianza en los médicos, los científicos, una medicina o vacuna, gobernantes, dinero o pólizas de seguro… el único que nos puede sostener y proteger es Dios.

3) Acepta que solo en Dios está la salida

Es tiempo de humillarnos ante el Señor y reconocer que sus respuestas son buenas porque Él es benevolente y lleno de misericordia.

Recuerda que Cristo desea darte consuelo. Esto no necesariamente significa que dejaremos de sufrir como los demás, sino que Jesús caminará con nosotros en nuestro dolor. El varón de dolores entiende lo que sentimos porque Él experimentó aflicciones cuando vino para salvarnos. Cristo sintió el dolor, el duelo, el miedo, y Él no pecó. Entonces, no hay nada malo en sentir estas emociones mientras nos acerquen más a Él (Heb. 4:15).

Comparte con las personas y no busques la soledad. Cuando perdemos a nuestros seres queridos lloramos y deseamos estar solos pero, aunque estamos en aislamiento, tenemos la ventaja de comunicarnos con nuestras familias y amigos por medio de la tecnología.

Vive las etapas del duelo y cierra el círculo. Para hacerlo, redacta un escrito de la vida del familiar fallecido dándole el honor que merece y haz una oración donde expreses que aceptas y confías en Dios sobre la vida de tu familiar.

Necesitas poner tu confianza en Dios, ya que muchos sienten que han perdido su razón de ser porque se identifican con la relación que tenían con esa persona que falleció (hijo, esposo, padre, etc.). Sin embargo, nuestra mayor identificación debe ser con Cristo. Y si la persona que falleció era cristiana, llegó a su debido lugar en la presencia de su Señor.

Recuerda los principios bíblicos sobre la muerteEl dolor y la incertidumbre es real, pero nosotros podemos llenarnos de confianza porque no hay incertidumbre en nuestro Dios. Él está en control y guía todo evento con un propósito bueno (Pr. 16:919:21). Para los creyentes, nuestro Padre utiliza esto para hacernos a Su imagen, y para el incrédulo tiene el propósito de traerlo al conocimiento de Dios (Ro. 2:4).

4) Confía en la soberana voluntad de Dios

Vemos las consecuencias de la pandemia: los números de personas infectadas, cantidad de muertes, y nos parece injusto, pero necesitamos recordar que los caminos de Dios y sus pensamientos no son como los nuestros (Is. 55:8-9). La cruz nos revela la profundidad de la maldad en el pecado y nos demostró que el pecado es peor de lo que imaginamos, pero también demostró que Su amor supera esa maldad.

Dios es el único que entiende todo lo que está ocurriendo y lo que ha de venir. Él puede utilizar el mismo mal para producir el bien (Ro. 8:28). Por eso Tim Keller ha dicho: “Dios no nos da exactamente lo que pedimos. En cambio, nos da lo que habríamos pedido si hubiéramos sabido todo lo que Él sabe”.

Cuando buscamos a Dios y confiamos en Él, podemos alabarle aun en nuestra tristeza. Él nos ha dicho: “No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia” (Is. 41:9).

5) Consuela a otros como Dios te consuela

Las crisis por fallecimiento también tienen propósitos: el apóstol Pablo bendice el nombre de Dios porque Él nos consuela primordialmente para que nosotros consolemos a otros (2 Co. 5:3-4). Pero ¿cómo ofrecemos esperanza en medio de la muerte cuando nosotros mismos nos afligimos? ¿Cómo consolar a otros cuando nosotros mismos estamos sufriendo? ¿Cómo evitamos endurecernos y pensar solo en nosotros?

¡Imitando a Cristo! Él nos dio vida espiritual cuando estábamos muertos en nuestros pecados: cuando el Espíritu nos fortalece y entendemos cuál es la anchura, la longitud, la altura, y la profundidad del amor de Cristo, entonces reflejaremos su persona en nuestro ser (Ef. 3:16-19).

Nosotros tenemos una esperanza que nos consuela cuando la muerte irrumpe en nuestra familia. Llegamos a otros que no tienen tal esperanza (porque la crisis los paraliza) y podemos hacerlo en diferentes formas sin romper el aislamiento: tenemos teléfonos, Facetime, Skype, Zoom, entre otros. Podemos ir a la farmacia o al supermercado cuando ellos no pueden.

Y lo más importante es orar por ellos y compartirles la esperanza que tenemos (1 P. 3:15). Porque nuestro Señor ha hecho cosas maravillosas, sabemos que Él lo hará de nuevo.

Escrito por:

Cathy Scheraldi de Núñez, productora del programa: “Mujer para la Gloria de Dios” que se produce en nuestros estudios.

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