El aborto: La decepción más grande del siglo

Escrito por el 26/04/2019

Si la ciencia es tan clara, ¿por qué entonces es tan difícil aceptarla?

Entre más leo acerca de la historia del aborto en Estados Unidos, más reconozco la ceguera espiritual en la que vivimos. Uno pudiera preguntar, ¿cómo es posible que cosas tan obvias —cosas que hasta un niño puede entender, cosas que contradicen las leyes que los intelectuales han descubierto y estudiado— no sean obvias para muchos? ¿De dónde viene la dicotomía entre lo que se establece como ciencia y las acciones egoístas que contradicen lo que ellos mismos enseñan?

La Escritura nos enseña que es por la acción de un ser astuto y malvado sobre un corazón engañoso y una mente entenebrecida. Hemos llegado al tiempo donde las personas son “irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, y aborrecedores de lo bueno” (2 Ti. 3:2-3). El dios de este mundo ciertamente ha cegado el entendimiento de los incrédulos (2 Cor. 4:4).

Las mentiras de siempre

Ezequiel 28:12 describe a Satanás como “lleno de sabiduría”, mientras que Génesis 3:1 dice que la serpiente “era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho”. Satanás sigue siendo el mismo y continúa engañando al mundo con las mentiras de siempre, aunque las circunstancias sean distintas.

En el Antiguo Testamento leemos que los judíos sacrificaron a sus hijos a los dioses paganos (Jeremías 19:5), y rápidamente pensamos que eran tontos y primitivos. Pero, ¿es el aborto diferente? La única diferencia está en el dios que estamos adorando: Baal o el dios de la conveniencia; algún ídolo de madera o el dios del yo.

Leemos que los judíos sacrificaron a sus hijos a los dioses paganos, y rápidamente pensamos que eran tontos y primitivos.¿Es el aborto diferente?

El Dr. Bernard Nathanson, un ginecólogo quien fue la punta de lanza para obtener la legalización del aborto en los EEUU, co-organizador de la Liga Nacional de Acción por los Derechos del Aborto, y supervisor de más de 75.000 abortos, cambió su opinión cuando vio un sonograma de lo que sucedía con el feto durante un aborto. Al ser confrontado con la realidad de lo que estaba haciendo, admitió que él y sus socios eran culpables de haber engañado al pueblo a través de una campaña masiva de cifras falsas. Ellos intencionalmente declararon que entre 5000 y 10.000 mujeres morían anualmente por abortos mal hechos, cuando el número real se encontraba entre 200 y 300. Ellos publicaron que cada año se llevaban a cabo 1 millón de abortos ilegales, cuando la realidad era de 98.000. Ellos intencionalmente engañaron al público, haciéndole creer que si el aborto fuera legal, solo sería para prevenir aquellos abortos hechos ilegalmente, cuando sabia que terminaría convirtiéndose en el método anticonceptivo más usado. Y mientras engañaban al mundo se reían entre sí.

El Dr. Nathanson probó lo que Richard Weaver, historiador y filósofo del siglo XX, escribió: las ideas tienen consecuencias. ¡50 millones de bebés asesinados legalmente! Desde los setentas hasta que murió a la edad de 84 años, Nathanson luchó para revocar la ley que ayudó a aprobar, revelando la verdad con charlas, libros, y películas… sin éxito. ¿Por qué? Porque, por más luz que arrojemos sobre el asunto, el mundo ama las tinieblas (Juan 3:19-20).

Evidencias de vida

La verdad es clara. Maureen Condic, con un doctorado en neurobiología del desarrollo, en su artículo llamado ¿Cuando comienza la vida? Una perspectiva científica, concluye que “usando criterio científico universalmente aceptado, el cigoto¹ comienza su existencia en el momento de la fusión del espermatozoide con el óvulo, porque en este momento, el mismo cigoto inmediatamente inicia una compleja secuencia de eventos que establece las condiciones moleculares para la continuación del desarrollo embriónico. El comportamiento del cigoto es radicalmente diferente al de tanto el óvulo y como el espermatozoide evaluados por separado, y tiene las características de un organismo humano. Esta conclusión es objetiva, y consistente con la evidencia factual e independiente de cualquier perspectiva ética, moral, política o religiosa sobre la vida o el embrión humano”.²

Por otro lado, el Dr. Jerome Lejeune, pediatra, genetista, y profesor de genética, testificó al sub-comité Judicial del Senado americano, “después que la fertilización ha ocurrido, un nuevo ser humano ha llegado a ser”, “ya no es una cuestión de gusto u opinión”, y “no es una afirmación metafísica, es simple evidencia experimental”. Mientras que el profesor Hymie Gordon, de la Clínica de Mayo en la misma ocasión testificó, “Según todos los criterios de la biología molecular moderna, la vida está presente desde el momento de la concepción”.

Richard John Neuhaus, un sacerdote católico, escribió sabiamente en la introducción de la publicación de la Dra. Maureen Condic que “el debate en nuestra sociedad no es sobre cuándo comienza la vida sino sobre en cuál punto y por cuáles razones tenemos una obligación a respetar y proteger esta vida”.

No importa si estamos evaluando el asunto genética o embriológicamente, o según la biología molecular: un feto es una persona humana en desarrollo, así que el aborto constituye la muerte de un ser humano.

Una verdad difícil de aceptar

Si la ciencia es tan clara, ¿por qué entonces es tan difícil aceptarla? Porque hemos puesto nuestros propios deseos sobre la verdad (2 Ti. 4:3-4).

Con la entrada del periodo del Renacimiento, la cosmovisión mundial comenzó a cambiar de ser centrada en Dios a centrada en el hombre y sus capacidades, con énfasis en las artes. La forma de interpretar el mundo cambió de ser basada en la Biblia y las leyes de Dios a basarse en la educación. Con el próximo periodo, la Iluminación, el énfasis cambió hacia la ciencia, la razón, y la lógica; lo que uno no podía cuantificar, como la moral bíblica, fue sujeto al escrutinio. La Biblia ya no era el estándar, sino el intelecto; Dios ya no era el estándar, sino el hombre. Cada persona tenía el derecho de decidir qué es la verdad, y todo entonces es relativo.

Aunque todavía vemos vestigios de esta forma de pensar, es obvio que la cosmovisión mundial ha cambiado de nuevo; aunque la ciencia pruebe la verdad —como en el caso de que el feto es un humano—, esta verdad no es aceptada por las masas. El problema radica en que la cosmovisión moderna ha hecho de la felicidad el máximo derecho, y nos ha llevado a creer que cualquier cosa que nos limite está mal y debe ser evitada o eliminada. Por lo tanto, si un embarazo amenaza nuestra felicidad o comodidad, tenemos derecho a terminar con él.

Satanás ha sido astuto desde el principio y no ha cambiado. Sus artimañas tampoco son distintas, y las usa para mantener al mundo cegado hacia la destrucción y muerte. La confusión es tan grande que incluso existen iglesias que están de acuerdo con el aborto. Ni los que se dicen defensores de los derechos humanos están necesariamente en contra de esta práctica. Por más verdades atroces que se descubran acerca del aborto, como la venta de órganos fetales por Planned Parenthood, la perspectiva del mundo no cambia; a lo mucho se dice que es un “mal necesario”. Lo más popular sigue siendo ser “pro-elección”. Nuestro pueblo se ha vuelto insensible, y por esto no puede percibir la maldad de sus acciones ni tampoco la bondad y paciencia de nuestro Dios.

¡Que el Señor tenga misericordia de nuestras naciones, nuestros médicos, y nuestros gobernantes! Solo Él puede dar vista a los ciegos y traer vida a los corazones.

Escrito por:

Cathy Scheraldi de Núñez, productora del programa: “Mujer para la Gloria de Dios” que se produce en nuestros estudios.


[1] EL CIGOTO ES LA CÉLULA RESULTANTE DE LA UNIÓN DEL GAMETO MASCULINO (ESPERMATOZOIDE) CON EL GAMETO FEMENINO (ÓVULO) EN LA REPRODUCCIÓN SEXUAL DE LOS ORGANISMOS.
[2] THE WESTCHESTER INSTITUTE FOR ETHICS & THE HUMAN PERSON, WHEN DOES HUMAN LIFE BEGIN?  A SCIENTIFIC PERSPECTIVE  WHITE PAPER VOLUME 1, NUMBER 1 OCTOBER 2008.

Opiniones
    • Nayibe Góngora Pérez   /   01/05/2019, (9:01 am)

      Sí creo, si su arrepentimiento haya Sido verdadero y no remordimiento, solo Dios puede perdonar nuestro pecado!

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