La iglesia, germen transformador de la sociedad.

Escrito por el 25/05/2018

… nunca debemos olvidar que el máximo bien es Dios y su gloria

Vamos a hablar de la iglesia como germen transformador de la sociedad a partir del modelo de la Reforma Protestante del siglo XVI.

La meta de discipular a las naciones como prescribe el reino de Dios se logra mediante la influencia que ejerce cada creyente en la vocación y circunstancias sociales en que Dios lo ha puesto. La influencia de los discípulos de Jesucristo extiende su gobierno soberano sobre todas las esferas de la cultura. El modelo de liderazgo del reino no es la «jerarquía» o el «señoreo», sino el «servicio desinteresado».

El servicio ejerce una influencia que modela el carácter de «líder siervo» que demostró nuestro Señor cuando «…fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad». En los siguientes párrafos vamos a ver que «Dios transformó la sociedad a través de su iglesia y de la Reforma Protestante». Una de las primeras cosas que debemos recordar es que Dios es el bien supremo, no la iglesia ni la sociedad. En palabras de C. S. Lewis: «Cuando perseguimos un beneficio o un bien secundario perdemos el bien secundario y también el bien primario».

A modo de preámbulo, debemos recordar que, aunque estamos muy interesados en lograr una iglesia fiel y una sociedad transformada, nunca debemos olvidar que el máximo bien es Dios y su gloria, no la iglesia fiel ni la sociedad transformada. Estos son bienes secundarios y terciarios y son obtenibles si los ordenamos correctamente.

Comenzaremos con una cita del Dr. Abraham Kuyper en el veinticinco aniversario de su labor como editor de la revista De Standaard, en 1897:

 «Un deseo ha sido la pasión dominante de mi vida. Un móvil supremo ha actuado como espuela sobre mi mente y mi corazón, y más pronto que tarde debo procurar satisfacer esta sagrada necesidad puesta sobre mí, no sea que el aliento de vida me falle…Que a pesar de toda oposición mundana, las santas ordenanzas de Dios sean establecidas de nuevo en el hogar, en la escuela, y en el estado, para el bienestar de todo el pueblo. Labrar, por así decirlo, en la conciencia de la nación las ordenanzas del Señor, de las cuales la Biblia y la Creación son testigos, hasta que la nación rinda de nuevo homenaje a Dios».

Creemos que el deseo de transformar la sociedad quedó bien expresado por el Dr. Kuyper, en el siglo XIX, y sigue siendo el anhelo de todos los creyentes de todas las generaciones.

Es importante también recordar las palabras de George Grant en su libro The Micah Mandate: «Una buena teología invariablemente producirá un buen jardín». 

Y hay presuposiciones importantes detrás de esta declaración. Una cosmovisión bíblica es la base de una buena teología. Una buena teología presupone una cosmovisión. Todas las teologías presuponen un hilo conductor, una cosmovisión, en la historia del cristianismo. Muchas veces no exploramos los supuestos que sustentan una teología. Pero es necesaria una buena teología para que nuestra vida influya en el mundo. Ésta es la base de la filosofía y la filosofía es la base que da forma a la ciencia y a la tecnología.

Nota: En el desarrollo de nuestro tema citaremos extensamente el libro Conferencias sobre el calvinismo, por Abraham Kuyper, Eerdmans Publishing Co, 1931, (primera edición india por Nivedit Good Books, 1994 – La corona de la herencia cristiana).

LAS LEYES DE DIOS EN LA CREACIÓN.

Para entender cómo la iglesia de Jesucristo debe transformar la sociedad, en primer lugar hemos de discernir bíblicamente cómo funciona el gobierno de Dios sobre la creación y sobre la sociedad como parte del cosmos creado. Así pues, veamos las leyes de Dios para la sociedad:

«Todo lo que existe estuvo una vez en el PENSAMIENTO DE DIOS antes de que fuera REALIZADO EN LA CREACION…De aquí que todo lo creado necesariamente lleva en sí mismo la LEY DE SU EXISTENCIA, instituida por Dios mismo…»

Cuando pensamos en la sociedad, las artes, el gobierno, la educación ¿Qué son estas cosas sino aspectos de la creación de Dios? Como parte de la creación, las leyes divinas rigen cada una de ellas, no están sujetas simplemente al capricho de la mente humana. Dios ya las estructuró en la creación. Es nuestro deber descubrir y aplicar tales leyes para que esas esferas fructifiquen.

«Hay ordenanzas de Dios para el firmamento arriba y ordenanzas de Dios para la tierra abajo por medio de las cuales este mundo se mantiene…Hay ordenanzas de Dios para nuestros cuerpos, para la sangre que corre por nuestras venas y arterias y para los pulmones como órganos de la respiración… Aún más, hay ordenanzas de Dios en la LÓGICA, para regular el pensamiento, ordenanzas de Dios para la IMAGINACIÓN, en el dominio de la ESTETICA, y estrictas ordenanzas de Dios para la totalidad de la vida humana en el área de la MORAL.» (p. 67)

La responsabilidad del desarrollo de la creación ha sido encomendada a los humanos, pero su estructura está ahí ya definida. La creación es la materialización de la palabra de Dios porque Dios declaró su existencia. En cada aspecto de la creación hay secretos de la sabiduría de Dios que han de ser descubiertos. La sociedad no puede desarrollarse siguiendo cualquier dirección, sino sometiéndose a la dirección del reino de Dios, buscando sus secretos, su ADN, la sabiduría que Dios plasmó en su creación.

Hay dos clases de leyes por medio de las cuales Dios gobierna el mundo. Esto lo podemos comprobar en el Salmo 147:15-20:

«Él envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra. Da la nieve como lana, y derrama la escarcha como ceniza. Echa su hielo como pedazos; ante su frío, ¿quién resistirá? Enviará su palabra, y los derretirá; soplará su viento, y fluirán las aguas. Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron. Aleluya.»

El orden natural (directo) y el orden moral en la sociedad (indirecto), para el salmista, pertenecen al mismo conjunto, forman oraciones incluidas en el mismo párrafo. No están separados en el orden de la creación. El orden físico de la naturaleza y el orden moral de la sociedad pertenecen a un único conjunto de elementos sometidos a la ley de Dios, no son dos conjuntos separados, moral/religioso y físico/científico. Entendiendo el mundo según la cosmovisión hebrea/bíblica, los dos conjuntos pertenecen a un mismo ámbito.

Dios ejerce su gobierno según la estructura interna que Él ya proveyó en cada aspecto de la creación, por ello, en la creación se observan dos formas en las que Dios manifiesta su gobierno, una directa y otra indirecta. En palabras de Albert Wolters:

«Dios impone su ley en el cosmos de dos maneras, su voluntad se cumple en la tierra como en el cielo de dos formas. A estas dos formas de gobernar corresponden dos clases de leyes: LEYES DE LA NATURALEZA Y NORMAS… Él gobierna directamente, sin mediación, e indirectamente, al involucrar la responsabilidad humana… Al igual que un rey humano, Dios hace ciertas cosas por su propia cuenta, pero otras las hace dando órdenes a sus subordinados… Él pone los planetas en sus órbitas…pero encarga a la humanidad la tarea de forjar herramientas, hacer justicia, producir arte y desarrollar trabajo académico… El gobierno de Dios es INMEDIATO en la esfera donde no intervienen los seres humanos, pero MEDIATO en la CULTURA Y EN LA SOCIEDAD». (La creación recuperada, p.38, énfasis agregado)

La cultura y la sociedad tienen una estructura interna implícita que refleja la sabiduría con que Dios diseñó esas esferas. El desarrollo de la cultura y de la sociedad implica descubrir y poner en práctica esa sabiduría. No cualquier tipo de sabiduría hará que la creación florezca y se desarrolle, sino la  que viene directamente de Dios. A través de la historia humana, el desarrollo de sociedades cada vez más complejas ha demostrado la complejidad de la sabiduría creacional de Dios. Las instituciones que ordenaban las sociedades primitivas eran pocas en número. El gobierno, la religión, la educación, etc., estaban concentrados en las mismas instituciones dirigidas por un reducido número de personas (jefe de la tribu, sacerdote, etc.).

Es como si la sociedad fuera una especie de luz blanca y a través de su desarrollo paulatino esa luz se descompusiera en un número de colores cada vez mayor, representando cada color un elemento de la estructura interna de la sabiduría de Dios incrustada en su creación. Tal diversificación de funciones sociales refleja una cada vez más rica sabiduría contenida en la creación de la sociedad humana. Cuando hablamos de transformar la sociedad nos referimos a buscar y aplicar las normas de Dios que se corresponden con cada aspecto de la sociedad (político, económico, familiar, educativo, artístico, etc.). El desarrollo y verdadero florecimiento de la sociedad no ocurrirá sobre la base de cualquier tipo de sabiduría, sino de la sabiduría que le dio origen. Hay sabiduría que es humana y mundana, como expresa la epístola de Santiago (3:16):

«Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa».

SOLI DEO GLORIA

Escrito por: Luis Sena, panelista del programa: “La Tertulia”, que se produce en nuestros estudios.


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