En tiempos de aflicción

Escrito por el 17/04/2020

¿Cuál es el origen de la aflicción?

Esta es una pregunta que siempre es actual, ya que la causa de la aflicción es el resultado de una sentencia. Luego que Adán pecara, dejando a un lado la voluntad de Dios para hacer la suya propia, la sentencia divina fue:  “Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa…” (Gn 3:17). Dios, el Juez justo de toda la tierra, se ocupa de manera personal de que esta sentencia sea de ejecución permanente.  Toda vez que la creación se vuelve contra sí misma, la mano soberana de Dios está detrás llevando a cabo el castigo por el pecado.  Adán escogió la muerte a la vida, y siempre que los efectos asociados a la muerte nos visitan, sea a nosotros o a otros, debiéramos recordar estas palabras: “Maldita será la tierra por tu causa”.

Algunos preguntan: ¿por qué Dios no impidió que Adán pecara? La pregunta no es inocente, pues siempre tiene como objetivo acusar a Dios. Y esto ha sido así siempre, pues el ser humano no cesa de culpar a otros, o a sus circunstancias, de un mal que está en él: el pecado. Dios nos creó conforme a Su semejanza, es decir, con una personalidad comparable a la Suya, y esto con el propósito de que pudiéramos relacionarnos con Él, y en todo mostráramos Su imagen. Por ejemplo: Nosotros amamos, porque Dios es amor; tenemos poder para gobernar y transformar la creación, porque Dios es Todopoderoso, etc. De igual modo, somos responsables, porque Dios lo es; Él es fiel y responsable en el ejercicio de todos los atributos que adornan Su Persona. Y Él esperaba esto de Adán. Si Adán, en conformidad con el carácter de su Creador, y en obediencia a Su voluntad, hubiera sido responsable y fiel, jamás hubiese comido del fruto que Dios prohibió, y yo no estuviera escribiendo acerca de esto. Pero él escogió la muerte y todo lo que se asocia a ella: el dolor, el sufrimiento, el llanto, etc. Y aún la Creación misma fue sujetada bajo maldición, y esa es la causa por la cual hay ciclones, inundaciones, terremotos, VIRUS, etc.

 

¿Cuál es el propósito de la aflicción?

En verdad no hay UN propósito, sino una extensa variedad, pero es mi objetivo hacer alusión a uno en particular, para lo cual haré uso del profeta Amós, capítulo 4 vers. 6-11, cito:

Dice Jehová el Señor:  

6Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová.

7También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó. 8Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová.

9Os herí con viento solano y con oruga; la langosta devoró vuestros muchos huertos y vuestras viñas, y vuestros higuerales y vuestros olivares; pero nunca os volvisteis a mí, dice Jehová.

10Envié contra vosotros mortandad tal como en Egipto; maté a espada a vuestros jóvenes, con cautiverio de vuestros caballos, e hice subir el hedor de vuestros campamentos hasta vuestras narices; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová.

11Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová.

En este breve pasaje vemos como el pueblo de Israel fue afligido con hambre (vers. 6), con sequía (vers. 7-8), con una plaga que afectó la agricultura (vers. 9), con guerra y mortandad (vers. 10), y gran angustia ante la destrucción (vers. 11). Si queremos entender el propósito de Dios al afligir a Su pueblo de estas maneras, no es bueno pasar por alto que Él es el autor de estas aflicciones: “[Yo] Os hice estar a diente limpio… [Yo] os detuve la lluvia… [Yo] os herí con oruga… [Yo] envié contra vosotros mortandad… [Yo] os trastorné” con destrucción.  Ninguna de esas aflicciones fue casualidad; Dios tenía un propósito misericordioso detrás. Un propósito que era para el bien de todo el pueblo.  Si leen el texto con cuidado, verán que al final de la descripción de cada acto de aflicción, el Señor muestra el propósito que tenía con cada una. “…mas no os volvisteis a mí”. ¡Este era el deseo profundo del corazón de Dios!

“…mas no os volvisteis a mí”. Estas palabras muestran el pesar del corazón de Dios ante la dureza de corazón de Su pueblo. ¡A pesar de todo, ellos no se volvieron a Él! ¿Por qué? Porque jamás pensaron que Dios estaba usando esas calamidades como un poderoso megáfono para llamarles al arrepentimiento; porque sencillamente vieron todas estas cosas como infortunios del destino, y no como un poderoso llamado de Dios. El Señor les estuvo llamando vez tras vez, pero ellos cerraron sus oídos para no oír y sus ojos para no ver. Y todavía faltaba algo más por parte de Dios. Lo siguiente que les dice es: “Por tanto… prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (vers. 12).

Mis amados amigos, quiero hacerles un llamado a que nos veamos reflejados en este pasaje. Por el testimonio de las Escrituras es obvio e innegable que la mano soberana, bondadosa y sabia de Dios está detrás de este virus, y por medio del mismo nos está diciendo con potente voz: “volveos a mí”.  ¿Atenderás a Su llamado o continuarás prestando oídos sordos a Su voz?

Amigos, quisiera que entendieran plenamente que este es un tiempo de aflicción, y de esa manera estamos llamados a conducirnos.  La Palabra de Dios nos dice: “14En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él” (Eclesiastés 7:14). Y en otro lugar señala: “Gozaos con los que se gozan; y llorad con los que lloran” (Rom 12.15). Y: “[hay] tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar| (Eclesiastés 3.4).  Creo que no es difícil darnos cuenta que estamos en medio de la adversidad, de llorar con los que lloran y de endechar por los que han muerto, y tiempo de humillarnos ante Dios. Les ruego que por favor consideren y agucen sus oídos para que puedan escuchar la voz de Dios llamándoles a volverse a Él.

Escrito por:

Pastor Miguel Linares, miembro de la junta directiva de nuestra emisora.


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