Dos ciegos sanados

Mat 20:30-34  Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo:  ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!  31Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo:  ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!  32Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo:  ¿Qué queréis que os haga?  33Ellos le dijeron:  Señor, que sean abiertos nuestros ojos.  34Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.

No hay nada de extraordinario en que dos ciegos estén sentados junto a un camino.  Es común en países poco desarrollados encontrarlos en las vías públicas, buscando alcanzar el favor y la misericordia de aquellos que pasan junto a ellos.  Lo único extraordinario en este caso es que Jesús pasaba por aquel camino.  Y estos dos hombres cuando se enteraron de esto se olvidaron del resto de la gente y de lo que podían obtener de ellos, para concentrarse en Jesús y lo que de Él podían alcanzar.  Ellos de alguna manera pudieron distinguir lo temporal de lo permanente; lo bueno de lo excelente.  También enfrentaron algunas dificultades, pues no podían ver a Jesús; no sabían si él estaba cerca o lejos; tampoco sabían si pasaría junto a ellos; y mucho menos podían acercarse a él, pues no sabían en qué dirección tomar.   Ante esta situación optaron por gritar, literalmente llamar a gritos. Es muy probable que hubieran escuchado que otros ciegos habían recobrado la vista por la misericordia del Señor, y creyeron que si lograban captar su atención, también alcanzarían la misma misericordia.  Su fe fue grandemente recompensada.

Ahora bien, esa fe estaba bien fundamentada, tal y como se puede ver en la forma en que se dirigieron a Jesús.  Ellos fueron bien precisos, y mostraron saber perfectamente a quien se estaban dirigiendo.  A diferencia de Marcos y Lucas, que usan la expresión “Jesús, Hijo de David”, Mateo usa “Señor, Hijo de David”.   Señor es la traducción del griego kurios y es equivalente al hebreo Adonai, y ambas expresiones son usadas en la Biblia para referirse a Dios.   Señor (kurios) es definida de la siguiente manera:  “Alguien a quien una persona o cosa pertenece, acerca de lo cual tiene poder de decisión, en tal sentido es alguien que tiene control de la persona.  Los siervos acostumbraban a saludar a sus amos usando esta palabra, expresando con ello respeto y reverencia”.  Hijo de David, por su parte, es una declaración franca y directa que reconoce a Jesús como aquel hijo de David, cuyo trono sería firme para siempre, y está basada en la promesa que Dios hizo a David en 2Sam 7:12-16.  De manera que ellos levantan su voz y proclamaron que Jesús es Señor y el Rey esperado, y depositaron en Él todas sus esperanzas.

Pero a muchos no les gustó el clamor de ellos, y le conminaban a callarse.  No son pocas las ocasiones en que la fe en Jesús es censurada, aun por muchos que parecen seguirle, como se puede apreciar en este caso.  El clamor ferviente de estos dos hombres, movido por una fe inconmovible, molestó a los que parecían que seguían a Jesús.  Pero, mientras más fueron los obstáculos y el desagrado de la gente, mayor se hizo el clamor de ellos.  Sin embargo, hay ocasiones en que el clamor para que callemos se levanta dentro de nosotros mismos.  Entonces, debemos aprender de estos hombres y no permitir que nada acalle nuestro clamor, y continuar pidiendo a gritos misericordia hasta que Jesús se detenga y nos mande a llamar.  En este punto las palabras de Jacob cuando luchó con aquel Varón en Peniel son pertinentes mencionar:  “No te dejaré, si no me bendices” (Gen. 32:26).

Y su insistente clamor prevaleció por encima del desagrado de la multitud, y el Señor se detuvo,  y los llamó.  Y esto debe constituir un elemento de asombro para nosotros.  Primero, notemos que el clamor de dos simples hombres hizo que Dios detuviera su marcha.  ¡Cuánta esperanza hay en este pasaje para nosotros! pues podemos clamar a nuestro Señor y Salvador y esperar con certeza que Él se detenga para conocer nuestra necesidad.  El Rey de todo el universo, al cual sostiene con la palabra de su poder, se interesa en personas tan viles y despreciables, como para detener su camino.   En segundo lugar, cuanta diferencia existe entre la dádiva de los hombres y la de Dios.  Estos ciegos recibían las migajas que caían de la mesa de los hombres y que por abundante que fuera no cambiaba su estado; en cambio, cuando Dios se agradó en atender su clamor, les dio algo verdaderamente valioso, que quitó de ellos lo que les había llevado a la mendicidad.

Por otro lado, no dejemos pasar por alto la conversación del Señor con ellos, pues es ahí donde podemos hallar la respuesta a la pregunta planteada.  En su clamor ellos se dirigieron al Señor pidiendo misericordia en sentido general.  Pero cuando el Señor los llama, les pregunta:  ¿qué queréis que os haga?, y esto nos hace pensar rápidamente que Él trataba de guiarles a ser específicos. Sin embargo, creo que la pregunta tenía la intención de medir el grado de fe de estos hombres, y la manera en que se estaban acercando a Cristo.  Si ellos hubiesen pedido una dádiva terrenal, física, eso diría con toda claridad que ellos estaban clamando al Mesías político y terrenal que esperaban los judíos o como lo hizo el Joven Rico de Mateo 19.  Pero al pedir algo que sólo está en las manos de Dios hacer, confirmaron que su fe estaba depositada en Dios, y que se acercaron a Cristo creyendo tal cosa.   Resultaría sumamente extraño para nosotros hoy, que un ciego se nos acerque y nos pida que le restauremos la visión.  No, él nos pedirá lo que sabe que nosotros podemos darle.  De manera que el Señor Jesucristo confirmó la fe de ellos con esta pregunta.  Nos agrada que la mayoría respondiera de este modo.

El vers. 34 nos dice que el Señor fue movido a compasión, pero basados en los relatos de Marcos y Lucas, podemos decir que también encontró en estos hombres satisfacción.  Él fue movido a compasión al contemplar la miseria en que el pecado sume al hombre, pero alcanzó satisfacción al ver como el hombre se puede elevar por encima de su miseria por medio de la fe en Aquel que fue enviado por el Padre.

Finalmente, tanto Mateo como Marcos concluyen diciendo que estos dos hombres, una vez recobraron la vista, siguieron a Jesús, pero Lucas añade un detalle interesante:  “Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios” (Lc. 18:43).   Las personas son movidas a alabar a Dios cuando ven su bondad manifestada en medio de ellos, es por eso que el Señor Jesucristo nos ordena en Mat. 5:14-16 que no escondamos nuestra luz y que hagamos buenas obras, pero no para alcanzar méritos delante de Él, sino para que aquellos que las vean sean movidos a alabar a nuestro Padre que está en los cielos.

Por Miguel Linares

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